La batalla de Buenos Aires

La batalla de Buenos Aires

En Buenos Aires, desde hace más tiempo del que quiero recordar, se libra una batalla que, por frecuente, ha perdido referencia y perspectiva. Los habitantes de la Capital intentan organizar sus actividades, su agenda y sus destinos cotidianos, lejos del centro de la ciudad. En otras oportunidades, deben calcular la hora de circulación por los accesos vehiculares, de acuerdo a cortes programados o no, sobre los mismos.

Es interés de esta carta resaltar el carácter de invasión al que la ciudad es sometida. Semana tras semana, grupos de mujeres, niños y hombres de variada edad, se desplazan en vehículos destinados específicamente a su movilización, desde zonas de residencia generalmente alejadas del centro de la ciudad de Buenos Aires, organizados por un patrón de escuadra, que responde a un director de piquetes, que obedece a un jefe barrial, que representa a un dirigente sindical, que ha recibido la orden de un político; para entrar y causar caos en la ciudad.

Ocupan las calles, cortan la fluidez del tránsito, impiden el libre circular de los vehículos y peatones, alteran la actividad comercial de la zona ocupada, la dinámica del barrio afectado y la serenidad del cotidiano citadino. El número del invasor, intimida. Si a ello agregamos, las desventuras infantiles, la beligerancia de las mujeres, la agresividad de los hombres, las amenazas de los encapuchados, las aporías de las barricadas y la quema de elementos de combustión inapropiada; junto con la presencia de objetos contundentes, punzantes y/o explosivos, estaremos en condiciones de afirmar que:“nos han invadido”.

Y, las características anteriormente señaladas, la vuelve una fuerza hostil. La fuerza de la cantidad, la fuerza de la irracionalidad. Este estado de confusión se acompaña de una profunda tristeza. Tristeza que suele expresarse, irracionalmente.

Una de las posibilidades, para intentar analizar más allá de lo evidente, es pensar que acuden a la ciudad en busca de orden, de progreso, de racionalidad. La ciudad aún conserva fortaleza. Es una disposición constante del ánimo hacia la producción de acciones que tienden al bien. Y así, piquete tras piquete, movilización tras movilización, invasión tras invasión, la ciudad resiste.

Los habitantes de la Capital dan ejemplo de tolerancia, fortaleza, templanza y civilidad. La fortaleza asimilará al invasor, la templanza moderará su fuerza, y la racionalidad confirma la humanidad.

La batalla de Buenos Aires

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