La curiosa historia de por qué los autos tienen cuatro ruedas y no cinco

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A lo largo de la historia el sector de la movilidad fue un caldo de cultivo perfecto para la innovación y creatividad. Ideas y tecnologías como los neumáticos inflables, los motores de combustión interna y los airbags no hubiesen tenido la relevancia que hoy se les atribuye de no haber sido concebidos para el contexto de los rodados. No todos, sin embargo, lograron consolidarse en el mercado, y quedaron en algún lugar del camino, junto con sus creadores. La quinta rueda para estacionar fue uno de ellos.

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El nombre detrás de la idea es Brooks Walker, un ingeniero estadounidense con fobia a estacionar que vivió en la década del 30, una época en la que los autos cobraban cada vez más tamaño, en la que la longitud estándar no bajaba de los cinco metros, y venía asociada a motores V8 de giro lento y capós llamativos, dejando ver la influencia de la industria de la aviación. Maniobrarlos, por ende, adquiría un mayor grado de complicación.

Frustrado de tener que acomodar máquinas sin ningún tipo de asistencia al conductor, el hombre propuso en el mercado un método para estacionar que prometía terminar con los dolores de cabeza. El mecanismo era simple: una quinta rueda retráctil incrustada en el paragolpes trasero del auto -aprovechando la ubicación de la rueda de auxilio- quedaba semioculta en el ruedo, y bajaba a la altura de la calle a la hora de estacionar, para ayudar al vehículo a girar sobre sí mismo. Colocada en un ángulo de 90 grados con respecto a las otras ruedas, servía como gato para levantar las ruedas traseras y así moverse habilitando una nueva dirección.

Así, lo único que tenía que hacer el conductor era usar una manivela dentro del habitáculo para bajar la rueda en cuestión, y dirigir el sistema (conectado a través de correas con el eje trasero) mediante dos botones, dependiendo de si quería rotar la nave hacia la derecha o hacia la izquierda.

El nombre detrás de la idea fue Brooks Walker, un ingeniero estadounidense con fobia a estacionar que vivió en la década del 1930, una época en la que los autos cobraban cada vez más tamaño

Oriundo de California, Walker mostró su invento por primera vez en un Packard Cavalier del año 1929 que pidió en su empresa y lo patentó el 21 de marzo de 1932. Sin embargo, nadie le compró la idea y la unidad que planeaba venderle a su primer cliente se convirtió en su auto particular y el sedán con la quinta rueda retráctil pasó a ser una de las rarezas del mundo de los fierros, cuyo paradero hoy, 90 años más tarde, se desconoce.

Perseverante, Walker no se dio por vencido y en las décadas siguientes siguió dedicando tiempo a la instalación del sistema de la quinta rueda retráctil en varios modelos, entre ellos un Oldsmobile de 1957, un Saab y un Cadillac Series Sixty Special. En esos casos pudo mejorar la instalación y eficiencia del método y también se convenció aún más de lo que ya estaba de lo útil que sería su implementación a gran escala.

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En los años 50 Walker seguía trabajando en la mejora de su propuesta, que había bautizado como “auto que se estaciona solo”, y en una entrevista con Life Magazine en 1952 dio detalles sobre los beneficios y costo: instalarlo tenía un precio de US$175 por auto (que hoy equivaldrían a unos US$1800).

En una entrevista con Life Magazine en 1952 dio detalles sobre los beneficios y costo: instalarlo tenía un precio de US$175 por auto (que hoy equivaldrían a unos US$1800).

El viejo dicho de <tan inútil como una quinta rueda> desaparecerá del panorama estadounidense si un mecánico de California, Brook Walker, logra convencer a los fabricantes de autos de adoptar su invención”, dice un extracto de la entrevista publicada. “Walker tiene una solución para la maniobra más compleja y molesta que enfrenta todo conductor a diario: cómo acercar un automóvil de cuatro metros de largo a la vereda, entre dos autos estacionados a solo 4.1 metros de distancia. Lo hace bastante sin estrés, acercando las ruedas delanteras al cordón y luego girando la parte trasera de su auto sobre una quinta rueda retráctil. El tiempo total de estacionamiento redondea los nueve segundos”.

En ese momento de difusión, cuentan los medios, el californiano tuvo entrevistas con múltiples firmas automotrices para atraerlas, pero ninguna demostró interés en hacer negocios con él. El desafío y falta de appeal de la propuesta de Walker estaba en que la quinta rueda, y su maquinaria, ocupaban casi todo el espacio del baúl, incluso en un modelo con capacidad baulera como el Cadillac.

Así y todo, Walker siguió insistiendo con su proyecto que, hay quienes dicen, se convirtió en una obsesión, y trabajó en su desarrollo hasta su muerte en los años 70 cuando, sin alguien que le diera continuidad, terminó quedando en el olvido. No todo fue en vano: el entusiasta con vocación de inventor recorrió más de 260.000 kilómetros en su Cadillac tuneado, y casi 80.000 kilómetros en el Packard que supo llevar la quinta rueda retráctil original; y, quienes lo conocieron, podrían decir que nunca tuvo que preocuparse por hacer la maniobra perfecta a la hora de estacionar.

Source: la nacion

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