Reelección indefinida: algunos gobernadores alcanzan su sueño de eternidad

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Carlos Gervasoni, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame, máster en Ciencia Política y en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Stanford, se especializa en estudios sobre la democracia y el federalismo. Es autor del libro Hybrid Regimes within Democracies, editado por Cambridge University Press en 2018, un estudio sobre la situación y causas del autoritarismo en las provincias argentinas.

En diálogo con LA NACION, Gervasoni, hoy director del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, plantea las diferencias entre los sistemas de gobierno en las provincias argentinas, donde las que generan menos recursos son las que tienen líderes que se perpetúan en el poder.

–¿Cuánto interés tienen los líderes por perpetuarse en el poder?

–La norma en la política mundial, históricamente, es perpetuarse en el poder. La idea de rotación de personas en el cargo es moderna. El hecho de que los gobernantes tienen que ser elegidos y asumir por un tiempo limitado, el sistema democrático y republicano, surge en el siglo XVIII, en el XIX se implementa y en el siglo XX se afianza, pero todavía hoy en la mitad del mundo no hay democracia. De hecho, en este siglo sorprende la falta de alternancia. El poder convoca a gente con ambición, que no quiere dejarlo. La democracia y la república fueron una invención para domar el instinto, muy natural en las elites políticas, de gobernar absoluta y eternamente. Las instituciones, en cambio, limitan y controlan.

–¿Cuál es la situación de las provincias argentinas?

–Muestran toda la diversidad en las maneras de gobernar, ya que son autónomas para dictar sus propias leyes. Hay un rango que va desde provincias que prohíben la reelección inmediata del gobernador, es decir, son más estrictas que la Nación, hasta el extremo opuesto. A nivel nacional permitimos que el presidente se reelija solo una vez, pero Santa Fe y Mendoza no: después de cuatro años, allí el gobernador se tiene que ir. En cambio, otras provincias como Santa Cruz y Formosa tienen la reelección indefinida. Lo más interesante de esto es que en el año 1983 ninguna provincia permitía la reelección. A nivel nacional, en la década del 90, Carlos Menem logró alterar esa ley para poder reelegirse aunque sea una vez [el mandato presidencial pasó de seis años sin posibilidad de reelección, a cuatro años más otros cuatro; por lo que Menem finalmente logró quedarse 10 años]. Los gobernadores entonces intentaron replicar esta maniobra en algún momento, y algunas provincias llegaron tan lejos como la reelección indefinida. Es el caso de Néstor Kirchner en Santa Cruz o los Saadi en Catamarca. Otros no pudieron hacerlo. Por otro lado, existen otras provincias que tienen solo una reelección consecutiva, como la Capital Federal o la provincia de Buenos Aires, Córdoba o Entre Ríos. Hay mucha variedad institucional en la Argentina. Y hay hasta una manera de lograr la reelección indefinida, aunque el sistema no lo permita, con la alternancia entre marido y mujer en el poder. Es el caso de Santiago del Estero [con Gerardo Zamora y Claudia Ledesma Abdala]. También ocurre entre hermanos, en San Luis [donde se alternan los hermanos Rodriguez Saá, Alberto y Adolfo].

–¿Por qué hay provincias que tienen un perfil más democrático, con reglas que limitan la reelección, y otras no?

–En los estados provinciales donde hay alta concentración de recursos económicos tiende a ocurrir una falta de rotación en el gobierno. Son provincias a las que llamo “rentísticas”, porque tienen una enorme cantidad de recursos del federalismo fiscal, de la coparticipación. Esto lleva a que el estado provincial sea muy rico en comparación con la sociedad. Esto pasa en Formosa, Santiago del Estero, Catamarca, San Luis, Santa Cruz. Los gobernantes controlan a buena parte de la población con pauta para los medios, contratos para las empresas, empleo público, casi todos dependen del estado provincial y nadie quiere oponerse porque de él depende su bienestar material. Uno ve a estas provincias con más empleo público que privado. La economía de la provincia depende crucialmente del día en que se pagan los sueldos de los empleados públicos. La tendencia es clara: las provincias fiscalmente más dependientes y beneficiadas por la coparticipación nacional son las que tienen menos rotación en el poder. Son provincias que recaudan entre el 5 y el 10% de lo que gastan.

–¿La gente que vive en estas provincias es consciente de que son casi rehenes del poder?

–Pareciera que el electorado es parte de este equilibrio, con empleos públicos que son cómodos, razonablemente remunerados, con la ventaja de un empleo formal. Hay una tendencia a preferir que se mantenga el statu quo porque no sabes qué puede pasar si viene otro gobernante. Los medios son oficialistas por la pauta, y es difícil que el electorado vote en contra del gobierno si no hay medios críticos que destaquen las falencias. Los empresarios, por su parte, no donan dinero a los partidos opositores para no estar en malos términos con el gobierno provincial. Un supuesto fundamental de la democracia, donde debe haber una competencia más o menos igualitaria entre partidos políticos, fracasa, porque hay una fuerza, la que está en el gobierno, que es mucho más poderosas que las demás.

–En algunas provincias el resultado favorable al oficialismo es difícil de creer. En Formosa, por ejemplo, con el tratamiento hostil que se les dio a quienes salían de la provincia durante la pandemia y luego no podían volver.

–Gildo Insfrán [gobernador de Formosa desde 1995], al frente de la provincia más pobre y menos libre de la Argentina gana por más del 70% de los votos desde hace más de 25 años. Lo reeligen constantemente. Esto no pasa en ninguna parte del mundo. En países de Europa, si un primer ministro gana la reelección, lo logra con un 30% o 40%. Si hay más del 70% de los formoseños que están apoyando a un gobierno que no trae desarrollo, prosperidad, libertad, y muchas cosas que se supone que la gente valora, da la impresión de que hay una fuerza muy potente que los lleva a ser oficialistas.

–¿Qué sucede con los municipios?

–En los municipios el fenómeno existe. Algunos que se asocian con reelecciones muy prologadas son bastante pobres. Hay una parte importante de la población en relación de clientelismo con la municipalidad. De todas maneras, no son tan grandes empleadores como las provincias. Dos tercios de los empleados públicos en la Argentina son de las provincias y el otro tercio corresponde a la nación y municipios. Especialmente en municipios con bastante población pobre hay un porcentaje importante sujeta a tomas y dacas de favores, comida, colchones, etc., en diferentes momentos de año y especialmente en época electoral. Son favores que se dan a cambio de apoyo electoral.

Source: economia

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